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Entrevista a Marta Campo Diaz
El diario de Ibiza realizo una entrevista a Marta Campo una de las conferencistas de la Jornada Arqueologicas, que la pueden leer acotinuación:
Las XXVII Jornadas de Arqueología Fenicio-Púnica analizan esta semana el papel de la moneda en las sociedades fenicio-púnicas. La primera conferencia (´De dónde venían y adónde iban las monedas fenicio-púnicas´) corrió ayer a cargo de Marta Campo, exdirectora del Gabinete Numismático del Museu Nacional d´Art de Catalunya. Se acaba de jubilar, pero asegura que no dejará de investigar.
J.M.L.R. | IBIZA ¿Cómo eran las monedas que se acuñaban en Ibiza?
„La de Ibiza era la gran ceca de esta zona del Mediterráneo. Cada territorio fenicio-púnico acuñaba con unas características muy diferentes. Las de esta isla tenían siempre al dios Bes, a veces tanto en el anverso como en el reverso, y a veces en el anverso a Bes y en el reverso a un toro, un animal de significado religioso relacionado con el ritual del sacrificio. Eran de bronce, de peso bastante bajo, para su uso cotidiano. Lo cual significa que Ibiza, desde una época muy temprana, necesitó monedas. Es decir, existía un sistema avanzado respecto a otros territorios del Mediterráneo Occidental.
„Para tener una ceca, la isla debía ser importante.
„Aquí empieza a acuñarse moneda en el siglo IV antes de Cristo, cuando en la Península nadie lo hacía aún, salvo los griegos en Emporion [Ampúries]. Ibiza era un puerto comercial muy potente, con muchas relaciones con el exterior. Eso facilita que empiece a acuñar, aunque en general casi no se conocía la moneda.
„¿De dónde venían y adónde iban esas monedas?
„Cada ceca acuñaba para el consumo interno de su territorio. La moneda de plata se usaba para financiar ejércitos y grandes transacciones comerciales. Es en esos casos cuando salen más de su territorio. La moneda de bronce también circula fuera de la isla de Ibiza porque aquí llegan muchos mercaderes, naves de comercio púnico, sobre todo. Cuando se iban de la isla, los mercaderes llevaban consigo algunas monedas, pero no por pagar o cobrar grandes cosas, sino como cuando nosotros vamos al extranjero y nos quedamos con algunas monedas. En esa época la moneda circulaba por su valor intrínseco: el de la plata, el del bronce... Se podía, así, usar monedas de otros sitios en los mercados locales. En Ibiza, por ejemplo, se han encontrado monedas cartaginesas y de la Península Ibérica.
„¿Dónde estaba la ceca?
„Había una sola, pero no se sabe dónde estaba. Era un pequeño taller con fuego para fundir los metales y en la que debían trabajar un par de hombres acuñando, limpiando, pues hay que bruñir las piezas... Eso la de Ibiza, que aunque era grande no lo era tanto como la de Roma, que debía acuñar para todo el imperio. Las cecas locales solían ser pequeños talleres. Incluso se piensa que las iban montando y desmontando según las necesidades. Que se necesitaba moneda, pues se llamaba a un grabador o a uno que entendiera cómo se fundían los metales. Por los hallazgos se sabe que había esa ceca, y que estaba en la capital, en Vila. Normalmente estaban situadas en lugares importantes. Lo habitual es que estuvieran en el centro de la ciudad. Algunas se situaron junto a un templo, al menos en el mundo romano y griego.
„¿Los ebusitanos pagaban con monedas cuando iban al mercado a comprar cuarto y mitad de salazón?
„O se pagaba con moneda o por intercambio de bienes. También se podía pagar con otros sistemas, como plata a peso. Pero en este asunto todo es ciencia ficción, pues casi no hay textos que expliquen cómo lo hacían. Se conserva una inscripción de Cartago en la que se dice lo que costaba hacer sacrificios en un templo (el de una gallina, por ejemplo). Había unas tarifas. En el mercado, por lo que sabemos del mundo griego de la época, o bien intercambiaban mercancías o se podía pagar en moneda. Los dos sistemas convivieron hasta la Edad Media. Pero eso es especular, pues no tenemos datos. Sabiendo cómo funcionaba en el mundo griego romano podemos imaginar que en Ibiza funcionaba igual.
„En el subtítulo original de la conferencia menciona la fiscalidad. ¿Ya había defraudadores o ahora somos peores?
„Lo de la fiscalidad lo he quitado finalmente del subtítulo, pues del mundo fenicio-púnico no se sabe nada de ese asunto. Se ha estudiado en el mundo romano, pero del fenicio-púnico se desconoce. En el mundo griego sí se podían pagar impuestos con monedas. Es de suponer que también en el fenicio-púnico, pero eso es especular tanto que he preferido suprimirlo. Ya he especulado bastante. La verdad es que todos especulamos cuando hablamos del mundo antiguo, pues hay pocos datos y queremos sacar de ellos el máximo partido.
„¿Cuál es el lugar más lejano adonde fue a parar una moneda hecha en Ibiza?
„Donde se han encontrado muchas, grandes cantidades, es en Pompeya (Italia). Se ha hallado en todas las costas de la Península, en el sur de Francia, en el norte de África. Pero lo más curioso es lo de Pompeya.
„¿Por qué es curioso?
„Hace dos años incluso se celebró un congreso en Roma para hablar sobre este tema, para intentar aclarar por qué llegaban esas cantidades tan enormes de moneda de Ebusus a Pompeya. Y después de estar debatiendo allí dos días, no se vio muy claro cuál era la explicación. Quizás por relaciones comerciales, pero esa no es razón suficiente para justificar esas cantidades. Para ese gusto de los pompeyanos por la moneda de Ibiza no acabamos de encontrar la explicación. Hay hipótesis, pero...
„Otro misterio sin resolver.
„Por suerte, pues así quizás tengamos la oportunidad de que se celebre otro congreso en Roma.
„No es la primera vez que viene a Ibiza. El director del Museo Arqueológico, Jordi Fernández, recuerda cómo ambos se dejaron los dedos limpiando monedas ebusitanas.
„Creo recordar que fue en 1973 cuando vine a Ibiza a hacer la tesis doctoral. Fue entonces cuando le nombraron director del museo en funciones. Jordi Fernández me facilitó venir a la isla y consultar todas las colecciones. Por entonces estaba todo por ordenar y por hacer. Esa época la recuerdo con mucho cariño. Ordenábamos las colecciones, las fotografiábamos, dábamos números de inventario y luego estudiábamos pieza por pieza para saber de dónde eran exactamente, de qué época... Teníamos que raspar y cepillar las monedas, pues muchas, como eran de excavación, estaban llenas de tierra. Acababas con los dedos destrozados. Era duro.
„¿Se desechaban las monedas con defectos?
„Según qué época, Ebusus misma acuñó con más o menos calidad. Hubo momentos en que estaban bien centradas y el metal era de calidad, los cuños eran muy artísticos, con relieves estupendos; pero hay otras en que el resultado era rudimentario, el metal tenía mucho plomo y el dios Bes era esquemático. Algo pasaba.
„¿Una crisis?
„Pues no. Las del siglo III a. C ., por regla general, eran muy rudimentarias. Pero justo en esa época, a Ebusus le iban las cosas muy bien. No pasaba por ninguna crisis. Luego, en el siglo II a. C. son de mejor calidad, pero económicamente no había cambiado nada. Quizás hubo momentos que no podemos ya reconstruir y que influyeron, pero por lo general no hay relación entre la calidad de la moneda y la economía de Ebusus.
Continuar leyendo http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2012/11/20/marta-campo-diaz-sola-moneda-historia/589569.html
Entrevista al Presidente de la Asociación Numismática Española
Reproduccíon de la entrevista hecha por el Faro de Vigo.
Los aficionados a la numismática tienen hoy en Vigo una de las citas gallegas por excelencia. El hotel Ciudad de Vigo acoge la decimonovena convención, en la que se podrán comprar y vender billetes, sellos, monedas y libros de coleccionismo y que organiza el investigador Jaime Paz. Entre las visitas, el organizador destaca la de una de las "mayores eminencias numismáticas españolas", el presidente de la Asociación Numismática Española, Josep Pellicer y Bru (Barcelona, 1925), miembro también de la Sociedad Iberoamericana y socio de mérito de la Associaçao Numismática de Portugal.
-¿A qué nivel está el coleccionismo numismático gallego?
-A un nivel extraordinario, como el español. Los coleccionistas han mejorado su conocimiento y nivel de estudio de las monedas.
-¿Qué espera encontrar como aficionado este fin de semana en Vigo?
-Ante todo a los amigos, un numismático es ante todo un amigo. Luego intentar mejorar la colección con la incorporación de alguna nueva moneda, alguna variante de leyenda...
-El coleccionismo en sí ¿sigue creciendo año a año o perciben un menor interés por parte de las nuevas generaciones?
-Al no impartirse clases de numismática en las aulas universitarias, creo que el interés histórico puede perjudicarse.
-¿Pesetas o euros?
-He pasado el 80% de vida conviviendo con la peseta. Las pesetas en un principio fueron de plata y después fueron perdiendo su valor intrínseco y llegaron a ser de papel y de aluminio, sin ningún valor. Hoy vamos con materiales que ya no son nobles y aceptamos que un papel valga 100 o 50 euros porque el Estado es el valedor.
-Si pudiésemos hacer un símil con el Códice Calixtino de la catedral de Santiago, ¿cuál sería en numismática según su valoración una moneda tan singular a nivel español?
-En numismática existen monedas rarísimas que valen más de mil veces su valor intrínseco. Citaremos una moneda que se ha subastado hace pocos días. Diez excelentes de oro, de los Reyes Católicos, del siglo XVI, que tuvo un precio de salida de 450.000 euros. El precio del oro de esta moneda de 35 gramos es alrededor de 1.600 euros solamente.
-Además de presidir la asociación, su labor investigadora ha quedado patente en diversos ensayos. ¿Qué tema de los que ha tratado le ha apasionado más en su vida como investigador?
-Tengo tres amores, la historia de la metrología antigua y medieval, la historia de los ensayadores y la moneda medieval andalusí, debida a la invasión islámica, que cambió los sistemas metrológicos antiguos, en especial el romano, pasando a primer término el mitqal de la Meca con todo su sistema ponderal, a principios del siglo VIII después de Cristo.
-Con la crisis económica proliferan los negocios de compra de oro usado o empeños. ¿Existe algún paralelismo con el mercado del coleccionismo?
-El mercado de inversión depende de las fluctuaciones de la bolsa internacional y del movimiento de capitales. En cambio la Numismática tiene además un valor añadido: El del coleccionismo y su historia, su conservación, su rareza...
Fuente:farodevigo.es
Los aficionados a la numismática tienen hoy en Vigo una de las citas gallegas por excelencia. El hotel Ciudad de Vigo acoge la decimonovena convención, en la que se podrán comprar y vender billetes, sellos, monedas y libros de coleccionismo y que organiza el investigador Jaime Paz. Entre las visitas, el organizador destaca la de una de las "mayores eminencias numismáticas españolas", el presidente de la Asociación Numismática Española, Josep Pellicer y Bru (Barcelona, 1925), miembro también de la Sociedad Iberoamericana y socio de mérito de la Associaçao Numismática de Portugal.
-¿A qué nivel está el coleccionismo numismático gallego?
-A un nivel extraordinario, como el español. Los coleccionistas han mejorado su conocimiento y nivel de estudio de las monedas.
-¿Qué espera encontrar como aficionado este fin de semana en Vigo?
-Ante todo a los amigos, un numismático es ante todo un amigo. Luego intentar mejorar la colección con la incorporación de alguna nueva moneda, alguna variante de leyenda...
-El coleccionismo en sí ¿sigue creciendo año a año o perciben un menor interés por parte de las nuevas generaciones?
-Al no impartirse clases de numismática en las aulas universitarias, creo que el interés histórico puede perjudicarse.
-¿Pesetas o euros?
-He pasado el 80% de vida conviviendo con la peseta. Las pesetas en un principio fueron de plata y después fueron perdiendo su valor intrínseco y llegaron a ser de papel y de aluminio, sin ningún valor. Hoy vamos con materiales que ya no son nobles y aceptamos que un papel valga 100 o 50 euros porque el Estado es el valedor.
-Si pudiésemos hacer un símil con el Códice Calixtino de la catedral de Santiago, ¿cuál sería en numismática según su valoración una moneda tan singular a nivel español?
-En numismática existen monedas rarísimas que valen más de mil veces su valor intrínseco. Citaremos una moneda que se ha subastado hace pocos días. Diez excelentes de oro, de los Reyes Católicos, del siglo XVI, que tuvo un precio de salida de 450.000 euros. El precio del oro de esta moneda de 35 gramos es alrededor de 1.600 euros solamente.
-Además de presidir la asociación, su labor investigadora ha quedado patente en diversos ensayos. ¿Qué tema de los que ha tratado le ha apasionado más en su vida como investigador?
-Tengo tres amores, la historia de la metrología antigua y medieval, la historia de los ensayadores y la moneda medieval andalusí, debida a la invasión islámica, que cambió los sistemas metrológicos antiguos, en especial el romano, pasando a primer término el mitqal de la Meca con todo su sistema ponderal, a principios del siglo VIII después de Cristo.
-Con la crisis económica proliferan los negocios de compra de oro usado o empeños. ¿Existe algún paralelismo con el mercado del coleccionismo?
-El mercado de inversión depende de las fluctuaciones de la bolsa internacional y del movimiento de capitales. En cambio la Numismática tiene además un valor añadido: El del coleccionismo y su historia, su conservación, su rareza...
Fuente:farodevigo.es
La vida escrita en medallas. Entrevista a Carlos Martín
Argentina. Aún lo recuerda y se lamenta.
Carlos Martín era empleado de la Junta Nacional de Granos, pero por su dedicación y esfuerzo llegó a ser el jefe de zona más joven del país. Su jerarquía se asemejaba a un gerente de Buenos Aires, aunque vivía y trabajaba aquí.
En reiteradas ocasiones viajaba a esa ciudad por cuestiones laborales; pero el viático que cobraba nunca lo utilizaba correctamente. Es decir, en vez de afrontar los gastos que la gestión en la Capital le demandara, el destino del mismo siempre eran librerías y casas comerciales. Tenía cierta predilección por los libros y sobre todo por las monedas y las medallas. Adquirió en esos años, en especial entre las décadas del ‘60 y ‘70, la mayor cantidad de material. Usted se preguntará de qué se lamenta Carlos, simplemente de no haber gastado el doble en esa pasión que es el coleccionismo y la numismática.
Pese a ello, al día de hoy se siente satisfecho, porque puede sentarse tranquilamente a observar y estudiar sus pertenencias.
LOS INICIOS
En una tarde pesadísima, con las nubes a punto de parir su diluvio, me siento en el living de su casa a escuchar su historia.
Cuenta que desde niño, cuando corría por los pasillos del colegio primario, tenía una punta de flecha en una cajita de madera, que aún conserva. Las bolitas de vidrio formaban parte de su peculio, y mientras me lo dice se da vuelta y me señala una pequeña botella con algunas de ellas. Fue creciendo y guardando algunos objetos que la curiosidad le señalaba. Dice entusiasmado, “siempre me gustó tener algo, empecé con los libros de autores villamarienses, una vez me regalaron Robinson Crusoe, lo devoré y luego me hice un adicto de Julio Verne.”
En su juventud debió hacer el servicio militar, participó de la Revolución del ‘55 en un curso de aspirantes a oficiales de reserva, cuya duración sería de dos meses; pero la Argentina transitaba por años “aciagos” y terminó el mismo luego de un año y medio.
Cuando Carlos regresó, agregó a sus actividades el coleccionismo. Consultado por la naturaleza de esta actividad nos dijo que “según una definición que hacía el presidente de la Asociación Numismática Argentina, el coleccionismo era un grado de locura, y clínicamente estaba comprobado… Una locura mansa.”
Paulatinamente, el gusto personal lo fue llevando a inclinarse primero por las monedas y luego por las medallas.
Afuera la tormenta hacía de las suyas, y como un relámpago traído por ella, Carlos saca de su memoria uno de los momentos que le fueron marcando su camino. Rememora un viaje con el presidente de la Asociación Numismática Argentina, quien le dijo premonitoriamente, “‘- Negro, coleccioná las medallas de Villa María, te van a dar mucha satisfacción’. Y yo, que era un ignorante, le contestaba que cuando tuviera diez o doce las tendría a todas. El me respondía, ‘-empezá; las características de una ciudad como Villa María, con una importante colectividad italiana, una española que es adicta a la medalla… tienen que haber muchas medallas.’ Y tenía razón. ‘De esa manera comenzaba este viaje de coleccionar, estudiar y ordenar las medallas’’’.
HISTORIA DE
LA CIUDAD
En esos viajes que mencionamos más arriba, los comerciantes a los que Carlos frecuentaba, le guardaban su paquetito con material, con su nombre y su precio. En una oportunidad, caminando con su señora por calle Corrientes, su vista curiosa se clavó en una de las vidrieras, no lo podía creer. Estaba allí, había un medallón de casi 90 milímetros de módulo, cuyo texto rezaba: “Sociedad Rural de Villa María - 3ra. Exposición - 1904”. En instantes ideó su táctica. No podía ir él a preguntar su precio, su figura ya era conocida por esos lugares y seguramente el cobrarían el doble de lo que valía. Así fue como su señora entró con el pretexto de querer la pieza para adorno en la cocina o en algún estante y salió, asombrada por su costo. Carlos, que en ese momento disponía del dinero, sacó del bolsillo, los contó y a los pocos segundos esa reliquia ya era suya.
Después de su narración, gira, abre un mueble y me coloca en la palma de mis manos el imponente y pesadísimo objeto. “Es un testimonio histórico para Villa María, porque está fresca la discusión que hay sobre las exposiciones en la ciudad y muchos dicen que acá empezaron en la década del ‘10. En 1904 ya estaba ésta que confirma que es la tercera exposición, quiere decir que como mínimo hubo una exposición anterior. Esto hace a la historia de la ciudad, cuando uno aprende a leer la medalla te da referencias históricas que son indestructibles como el metal con las que fueron hechas”.
El año 1967 fue clave en materia medallística para Villa María, por única vez se hizo una exposición de filatelia y numismática. Quien nos cuenta los detalles, participante activo de dicho evento, quiere repetir el acontecimiento junto a compañeros del ramo, pero sus voces de solicitud de apoyo aún no encuentran el eco que necesitan. Antes de esa exposición, quienes se dedicaban al rubro, habían expuesto en todo evento al que fueran invitados y esa actitud le sirvió para tender redes y traerlos a la ciudad. El amplio gimnasio del Colegio Rivadavia se pobló con más de 140 expositores de filatelia y alrededor de 40 en numismática. “¡Qué material que había!” Carlos, no puede ocultar su emoción.
“Estaba aquí, la colección completa de lo que se conocía de Córdoba, las monedas de oro de todos los años incluidos las onzas riojana, los escudos de Potosí, había cada pieza que eran fabulosas”. Como si fuera ayer, se explaya perfectamente sobre las medidas de las mesas, los invitados y el público presente. Personalidades importantes no faltaron, como el doctor Jorge N. Ferrari, quien fue el que hizo la catalogación de la moneda de Córdoba y La Rioja. Ferrari junto a más invitados especiales se alojaban en el Palace Hotel, pero pasaban su tiempo en la casa de Martín, sentados en los mismos sillones que ahora estamos nosotros.
MEDALLAS LOCALES
“¿Con qué puede arrancar la colección de Villa María?” Me pregunta él a mí. “Con la inauguración del Ferrocarril, pero la inauguración en Rosario, aún aquí no había llegado”, se responde.
De esa manera comienza a mostrarme su colección más preciada, perfectamente ordenada en un hermoso mueble con múltiples bandejas que se despliegan para el deleite. Cada cajón tiene alrededor de 35 medallas, con su respectiva ficha informativa. Están allí también los rótulos de aquellas que, pese a la búsqueda de años, no ha podido conseguir pero que conoce de su existencia, inclusive algunas fotocopias que nos dan la idea de su forma, tamaño y motivos.
La muestra sigue con las medallas del Ferrocarril Andino, la que se hizo con la inauguración de los trabajos, aquella que se presentó cuando el tren llegó a Mendoza, a Córdoba… tiene piezas de un par de años antes de que se fundara Villa María. Otras son las de las logias masónicas, la Escuela de Artes y Oficios, la del Colegio San Antonio, la celebración de la Confraternidad Argentino-Española, la inauguración del Ferrocarril Francés…
Su colección posee además la pieza que corresponde al 9 de julio de 1916; también me muestra una medalla realizada en alpaca y sahumada en oro, que fue el premio del Corso de calle Perú en 1911.
Cuando le consulto por la cantidad de medallas en total, me contesta que un par de miles; “le puse mucho esfuerzo y mucho dinero; pero hoy haciendo el mejor negocio es imposible poder recuperar la inversión, aunque el valor afectivo supera todo pensamiento económico”. En cuanto a las de Villa María estima tener un poco más de 200 y calcula que la existencia de 400 en toda la historia de nuestra localidad.
Y sigue mostrándome las preciosidades con las que cuenta, como una de ellas que celebra el Día del Viajante, cuyo grabado ofrece a mi retina la postal de una Villa María pujante, con un típico viajero con sus valijas, su auto y detrás la ciudad con sus postes de luz, las fábricas, las casas en el fondo. Un objeto hermoso y emotivo. Carlos me explica que como nuestro pueblo quedaba a mitad de camino entre Córdoba y Rosario, muchos de esos viajantes paraban en el recordado Palace Hotel y aquí lo celebraban con un día para ellos, fiestas, picnic y otros agasajos.
Continuando con este recorrido, aparecieron ante mí varias medallas más que el espacio no me permite describir, pero que tienen historias muy emotivas, como la de Fray Luis Beltrán.
A pesar de que los villanovenses creen no tener más medallas que las del Tranway Olmos y la de la Virgen por la inauguración, Carlos cuenta con unos cuantos ejemplares referidos a Villa Nueva.
También es suyo un ejemplar que le enviaron con motivo de un centenario de Savigliano, la ciudad italiana hermanada con Villa María, y una colección de medallas de Córdoba y de ciudades del interior de la provincia.
JUNTADORES Y
NUMISMATICOS
Carlos Martín es subdirector del Archivo Municipal de Historia, pero es ante todo un numismático de primer nivel en la ciudad. Una persona que ha dejado su vida por el estudio y la pasión de coleccionar elementos que nos ayuden a no olvidar el pasado.
Según su clasificación, quienes gustan de esta actividad se pueden clasificar en tres grados: el “juntador”, el coleccionista y el numismático. Es mucha la gente que tiene monedas de otros países que llegan de la mano de algún pariente, por amigos, por algún viaje… No importa la cantidad, puede tener de una a 200 mil monedas; pero nunca se toma la tarea de ordenarlas, clasificarlas por algún tópico (países, motivos, metales, iconografía, flores, animales…), sólo tiene el material, lo junta. Posteriormente está el “coleccionista”, que es similar al juntador, pero que posee cierta especialización que lo obliga a categorizar las piezas por alguna de sus formas. Este es el paso intermedio, el puente que posibilitará la llegada del último grado. El estudioso es quien, verdaderamente, debe llevar el nombre de “numismático” y que es una posición que la Academia Argentina de Numismática y Medallística acepta, así como lo aceptaba la Asociación Numismática Argentina. Sentencia nuestro entrevistado, “no es numismático que tiene un negocio para vender moneditas sino el que conoce, no es el que junta, sino aquel que sabe lo que tiene, que investiga por qué se hizo, qué ley la creó y en homenaje a quiénes fueron hechas.”
“La antigua acepción del Diccionario de la Real Academia Española (continúa Carlos), era el estudio de las monedas y las medallas. Iban juntas por la simple razón de que se hacían con los mismos metales que las monedas, con el mismo tamaño, el mismo peso y los que las recibían las ponían en el circulante como si fueran monedas”. Esto quiere decir, que dependiendo del fin con que fueran hechas las mismas se convertían en un uno u otro objeto.
Vale recordar que en la Barcelona de los años ‘60, se realizó un congreso y los estudiosos resolvieron que el término “numismática” debía ser exclusivo para las monedas y que se debía crear uno nuevo, el de “medallística”, para referirse al estudio de las medallas como único objeto de estudio.
FUENTE
DE
APRENDIZAJE
Estas dos ramas auxiliares de la historia ayudan a comprender y ha confirmar hechos y costumbres de las distintas civilizaciones donde fueron acuñadas. “Cuando alguien ve una de las monedas antiguas, como la que Hércules tiene en su cabeza un cuero de león, no es casual dicho motivo. Esa fue una de las siete tareas que le encomendaron: matar al león de Nemeas. Lo mató y se puso la piel en la espalda y la boca abierta le cubría la cabeza. En muchos tetradracmas de aquel entonces está esa figura. Esa es una de las más viejas que tengo”, nos dice orgullosamente el entrevistado.
Desde todos estos años en que ha dejado sus horas y sus días, Carlos Martín ha percibido como el común de la gente recepta esta actividad, para muchos de sus amigos simplemente son metales, otros se asombran cuando tienen en sus manos una moneda de 100 años “cuando para un país como el nuestro eso fue ayer, porque hay sucesos que se celebran en el mundo que hablan de 10 ó 20 siglos atrás…”, hay quienes poseen cierto interés pero no pasan el primer nivel que Martín concibió.
Para él es su vida, su tiempo, su estudio, es un gran motor que lo ayuda a levantarse y seguir, ya que le encuentra hasta un costado terapéutico a su actividad. “Hay veces (dice), llego con mucha bronca a casa, me siento en el medallero, las miro 20 minutos y me sirve de sedante. Tenés en la mano el metal, lo sentís y te ayuda a recomponerte”.
A MANERA DE CIERRE
Luego de un par de horas de conversación, nuestro entrevistado nos muestra lo que es el zumo de su colección: la parte artística de las medallas. Una serie de cajones que cobija los trabajos de distintos artistas como Luis Isabelino Aquino, Bigati, Carlos de la Cárcova, Ernesto de la Cárcova, Ricardo Gianeti, Pages, Antonio Pugia, entre otros.
Se destacan entre ellos la medalla con la imagen de Sarmiento hecha por Pages, que al observarla puede presentar dos lecturas según el punto de vista que se adopte; la de Pugia, que muestra un caballo en sobrerrelieve en estado natural y en un bajorrelieve el caballo corriendo carreras, dos imágenes en una que demuestran la cabeza de quienes hacían estos trabajos. No puede quedar en el tintero la obra diseñada e impresa por E. de la Cárcova quien mostró un motivo para la Caja de Ahorro, con una imagen del banco recibiendo los elementos para otorgar un préstamo a una mujer, que lleva consigo una criatura; en frente de ella está otra mujer representando la Nación, quien se encarga de hacer a un lado al usurero que quiere intervenir.
“Para el final te dejo lo que mostraría para el Bicentenario: te voy a mostrar a unas pibas”, me dice sonriente.
Se refiere a una colección completa de 38 piezas que rinden homenaje a cada una de las Patricias Argentinas, quienes fueron las mujeres que colaboraron con la formación de los primeros ejércitos patrios. Se crearon en 1910 por decisión de la Sociedad Patricias Argentinas, grabándole a cada ejemplar el rostro y los datos de dichas mujeres.
Carlos Martín, quien además de haber dado varios diseños para distintas medallas y haber escrito el libro “Villa María en la medalla”, pretende mostrar este material del centenario para el Bicentenario de la Patria. Para ello, tiene preparado un trabajo, las biografías de cada una de las Patricias y las piezas descritas, aunque necesita de un apoyo para concretarlo.
Es así, en la posmodernidad en que vivimos, muchas cosas están perdiendo el valor que contienen y son otorgadas a otras que son superficiales y pasatistas. Sin embargo, el tiempo se valerá de ellas para escribir la historia de los pueblos, las monedas y medallas se conforman como puntos de anclaje donde será posible apoyarse y comprender desde ahí la belleza y el conocimiento que ellas poseen.
Fuente:eldiariocba.com.ar
Carlos Martín era empleado de la Junta Nacional de Granos, pero por su dedicación y esfuerzo llegó a ser el jefe de zona más joven del país. Su jerarquía se asemejaba a un gerente de Buenos Aires, aunque vivía y trabajaba aquí.
En reiteradas ocasiones viajaba a esa ciudad por cuestiones laborales; pero el viático que cobraba nunca lo utilizaba correctamente. Es decir, en vez de afrontar los gastos que la gestión en la Capital le demandara, el destino del mismo siempre eran librerías y casas comerciales. Tenía cierta predilección por los libros y sobre todo por las monedas y las medallas. Adquirió en esos años, en especial entre las décadas del ‘60 y ‘70, la mayor cantidad de material. Usted se preguntará de qué se lamenta Carlos, simplemente de no haber gastado el doble en esa pasión que es el coleccionismo y la numismática.
Pese a ello, al día de hoy se siente satisfecho, porque puede sentarse tranquilamente a observar y estudiar sus pertenencias.
LOS INICIOS
En una tarde pesadísima, con las nubes a punto de parir su diluvio, me siento en el living de su casa a escuchar su historia.
Cuenta que desde niño, cuando corría por los pasillos del colegio primario, tenía una punta de flecha en una cajita de madera, que aún conserva. Las bolitas de vidrio formaban parte de su peculio, y mientras me lo dice se da vuelta y me señala una pequeña botella con algunas de ellas. Fue creciendo y guardando algunos objetos que la curiosidad le señalaba. Dice entusiasmado, “siempre me gustó tener algo, empecé con los libros de autores villamarienses, una vez me regalaron Robinson Crusoe, lo devoré y luego me hice un adicto de Julio Verne.”
En su juventud debió hacer el servicio militar, participó de la Revolución del ‘55 en un curso de aspirantes a oficiales de reserva, cuya duración sería de dos meses; pero la Argentina transitaba por años “aciagos” y terminó el mismo luego de un año y medio.
Cuando Carlos regresó, agregó a sus actividades el coleccionismo. Consultado por la naturaleza de esta actividad nos dijo que “según una definición que hacía el presidente de la Asociación Numismática Argentina, el coleccionismo era un grado de locura, y clínicamente estaba comprobado… Una locura mansa.”
Paulatinamente, el gusto personal lo fue llevando a inclinarse primero por las monedas y luego por las medallas.
Afuera la tormenta hacía de las suyas, y como un relámpago traído por ella, Carlos saca de su memoria uno de los momentos que le fueron marcando su camino. Rememora un viaje con el presidente de la Asociación Numismática Argentina, quien le dijo premonitoriamente, “‘- Negro, coleccioná las medallas de Villa María, te van a dar mucha satisfacción’. Y yo, que era un ignorante, le contestaba que cuando tuviera diez o doce las tendría a todas. El me respondía, ‘-empezá; las características de una ciudad como Villa María, con una importante colectividad italiana, una española que es adicta a la medalla… tienen que haber muchas medallas.’ Y tenía razón. ‘De esa manera comenzaba este viaje de coleccionar, estudiar y ordenar las medallas’’’.
HISTORIA DE
LA CIUDAD
En esos viajes que mencionamos más arriba, los comerciantes a los que Carlos frecuentaba, le guardaban su paquetito con material, con su nombre y su precio. En una oportunidad, caminando con su señora por calle Corrientes, su vista curiosa se clavó en una de las vidrieras, no lo podía creer. Estaba allí, había un medallón de casi 90 milímetros de módulo, cuyo texto rezaba: “Sociedad Rural de Villa María - 3ra. Exposición - 1904”. En instantes ideó su táctica. No podía ir él a preguntar su precio, su figura ya era conocida por esos lugares y seguramente el cobrarían el doble de lo que valía. Así fue como su señora entró con el pretexto de querer la pieza para adorno en la cocina o en algún estante y salió, asombrada por su costo. Carlos, que en ese momento disponía del dinero, sacó del bolsillo, los contó y a los pocos segundos esa reliquia ya era suya.
Después de su narración, gira, abre un mueble y me coloca en la palma de mis manos el imponente y pesadísimo objeto. “Es un testimonio histórico para Villa María, porque está fresca la discusión que hay sobre las exposiciones en la ciudad y muchos dicen que acá empezaron en la década del ‘10. En 1904 ya estaba ésta que confirma que es la tercera exposición, quiere decir que como mínimo hubo una exposición anterior. Esto hace a la historia de la ciudad, cuando uno aprende a leer la medalla te da referencias históricas que son indestructibles como el metal con las que fueron hechas”.
El año 1967 fue clave en materia medallística para Villa María, por única vez se hizo una exposición de filatelia y numismática. Quien nos cuenta los detalles, participante activo de dicho evento, quiere repetir el acontecimiento junto a compañeros del ramo, pero sus voces de solicitud de apoyo aún no encuentran el eco que necesitan. Antes de esa exposición, quienes se dedicaban al rubro, habían expuesto en todo evento al que fueran invitados y esa actitud le sirvió para tender redes y traerlos a la ciudad. El amplio gimnasio del Colegio Rivadavia se pobló con más de 140 expositores de filatelia y alrededor de 40 en numismática. “¡Qué material que había!” Carlos, no puede ocultar su emoción.
“Estaba aquí, la colección completa de lo que se conocía de Córdoba, las monedas de oro de todos los años incluidos las onzas riojana, los escudos de Potosí, había cada pieza que eran fabulosas”. Como si fuera ayer, se explaya perfectamente sobre las medidas de las mesas, los invitados y el público presente. Personalidades importantes no faltaron, como el doctor Jorge N. Ferrari, quien fue el que hizo la catalogación de la moneda de Córdoba y La Rioja. Ferrari junto a más invitados especiales se alojaban en el Palace Hotel, pero pasaban su tiempo en la casa de Martín, sentados en los mismos sillones que ahora estamos nosotros.
MEDALLAS LOCALES
“¿Con qué puede arrancar la colección de Villa María?” Me pregunta él a mí. “Con la inauguración del Ferrocarril, pero la inauguración en Rosario, aún aquí no había llegado”, se responde.
De esa manera comienza a mostrarme su colección más preciada, perfectamente ordenada en un hermoso mueble con múltiples bandejas que se despliegan para el deleite. Cada cajón tiene alrededor de 35 medallas, con su respectiva ficha informativa. Están allí también los rótulos de aquellas que, pese a la búsqueda de años, no ha podido conseguir pero que conoce de su existencia, inclusive algunas fotocopias que nos dan la idea de su forma, tamaño y motivos.
La muestra sigue con las medallas del Ferrocarril Andino, la que se hizo con la inauguración de los trabajos, aquella que se presentó cuando el tren llegó a Mendoza, a Córdoba… tiene piezas de un par de años antes de que se fundara Villa María. Otras son las de las logias masónicas, la Escuela de Artes y Oficios, la del Colegio San Antonio, la celebración de la Confraternidad Argentino-Española, la inauguración del Ferrocarril Francés…
Su colección posee además la pieza que corresponde al 9 de julio de 1916; también me muestra una medalla realizada en alpaca y sahumada en oro, que fue el premio del Corso de calle Perú en 1911.
Cuando le consulto por la cantidad de medallas en total, me contesta que un par de miles; “le puse mucho esfuerzo y mucho dinero; pero hoy haciendo el mejor negocio es imposible poder recuperar la inversión, aunque el valor afectivo supera todo pensamiento económico”. En cuanto a las de Villa María estima tener un poco más de 200 y calcula que la existencia de 400 en toda la historia de nuestra localidad.
Y sigue mostrándome las preciosidades con las que cuenta, como una de ellas que celebra el Día del Viajante, cuyo grabado ofrece a mi retina la postal de una Villa María pujante, con un típico viajero con sus valijas, su auto y detrás la ciudad con sus postes de luz, las fábricas, las casas en el fondo. Un objeto hermoso y emotivo. Carlos me explica que como nuestro pueblo quedaba a mitad de camino entre Córdoba y Rosario, muchos de esos viajantes paraban en el recordado Palace Hotel y aquí lo celebraban con un día para ellos, fiestas, picnic y otros agasajos.
Continuando con este recorrido, aparecieron ante mí varias medallas más que el espacio no me permite describir, pero que tienen historias muy emotivas, como la de Fray Luis Beltrán.
A pesar de que los villanovenses creen no tener más medallas que las del Tranway Olmos y la de la Virgen por la inauguración, Carlos cuenta con unos cuantos ejemplares referidos a Villa Nueva.
También es suyo un ejemplar que le enviaron con motivo de un centenario de Savigliano, la ciudad italiana hermanada con Villa María, y una colección de medallas de Córdoba y de ciudades del interior de la provincia.
JUNTADORES Y
NUMISMATICOS
Carlos Martín es subdirector del Archivo Municipal de Historia, pero es ante todo un numismático de primer nivel en la ciudad. Una persona que ha dejado su vida por el estudio y la pasión de coleccionar elementos que nos ayuden a no olvidar el pasado.
Según su clasificación, quienes gustan de esta actividad se pueden clasificar en tres grados: el “juntador”, el coleccionista y el numismático. Es mucha la gente que tiene monedas de otros países que llegan de la mano de algún pariente, por amigos, por algún viaje… No importa la cantidad, puede tener de una a 200 mil monedas; pero nunca se toma la tarea de ordenarlas, clasificarlas por algún tópico (países, motivos, metales, iconografía, flores, animales…), sólo tiene el material, lo junta. Posteriormente está el “coleccionista”, que es similar al juntador, pero que posee cierta especialización que lo obliga a categorizar las piezas por alguna de sus formas. Este es el paso intermedio, el puente que posibilitará la llegada del último grado. El estudioso es quien, verdaderamente, debe llevar el nombre de “numismático” y que es una posición que la Academia Argentina de Numismática y Medallística acepta, así como lo aceptaba la Asociación Numismática Argentina. Sentencia nuestro entrevistado, “no es numismático que tiene un negocio para vender moneditas sino el que conoce, no es el que junta, sino aquel que sabe lo que tiene, que investiga por qué se hizo, qué ley la creó y en homenaje a quiénes fueron hechas.”
“La antigua acepción del Diccionario de la Real Academia Española (continúa Carlos), era el estudio de las monedas y las medallas. Iban juntas por la simple razón de que se hacían con los mismos metales que las monedas, con el mismo tamaño, el mismo peso y los que las recibían las ponían en el circulante como si fueran monedas”. Esto quiere decir, que dependiendo del fin con que fueran hechas las mismas se convertían en un uno u otro objeto.
Vale recordar que en la Barcelona de los años ‘60, se realizó un congreso y los estudiosos resolvieron que el término “numismática” debía ser exclusivo para las monedas y que se debía crear uno nuevo, el de “medallística”, para referirse al estudio de las medallas como único objeto de estudio.
FUENTE
DE
APRENDIZAJE
Estas dos ramas auxiliares de la historia ayudan a comprender y ha confirmar hechos y costumbres de las distintas civilizaciones donde fueron acuñadas. “Cuando alguien ve una de las monedas antiguas, como la que Hércules tiene en su cabeza un cuero de león, no es casual dicho motivo. Esa fue una de las siete tareas que le encomendaron: matar al león de Nemeas. Lo mató y se puso la piel en la espalda y la boca abierta le cubría la cabeza. En muchos tetradracmas de aquel entonces está esa figura. Esa es una de las más viejas que tengo”, nos dice orgullosamente el entrevistado.
Desde todos estos años en que ha dejado sus horas y sus días, Carlos Martín ha percibido como el común de la gente recepta esta actividad, para muchos de sus amigos simplemente son metales, otros se asombran cuando tienen en sus manos una moneda de 100 años “cuando para un país como el nuestro eso fue ayer, porque hay sucesos que se celebran en el mundo que hablan de 10 ó 20 siglos atrás…”, hay quienes poseen cierto interés pero no pasan el primer nivel que Martín concibió.
Para él es su vida, su tiempo, su estudio, es un gran motor que lo ayuda a levantarse y seguir, ya que le encuentra hasta un costado terapéutico a su actividad. “Hay veces (dice), llego con mucha bronca a casa, me siento en el medallero, las miro 20 minutos y me sirve de sedante. Tenés en la mano el metal, lo sentís y te ayuda a recomponerte”.
A MANERA DE CIERRE
Luego de un par de horas de conversación, nuestro entrevistado nos muestra lo que es el zumo de su colección: la parte artística de las medallas. Una serie de cajones que cobija los trabajos de distintos artistas como Luis Isabelino Aquino, Bigati, Carlos de la Cárcova, Ernesto de la Cárcova, Ricardo Gianeti, Pages, Antonio Pugia, entre otros.
Se destacan entre ellos la medalla con la imagen de Sarmiento hecha por Pages, que al observarla puede presentar dos lecturas según el punto de vista que se adopte; la de Pugia, que muestra un caballo en sobrerrelieve en estado natural y en un bajorrelieve el caballo corriendo carreras, dos imágenes en una que demuestran la cabeza de quienes hacían estos trabajos. No puede quedar en el tintero la obra diseñada e impresa por E. de la Cárcova quien mostró un motivo para la Caja de Ahorro, con una imagen del banco recibiendo los elementos para otorgar un préstamo a una mujer, que lleva consigo una criatura; en frente de ella está otra mujer representando la Nación, quien se encarga de hacer a un lado al usurero que quiere intervenir.
“Para el final te dejo lo que mostraría para el Bicentenario: te voy a mostrar a unas pibas”, me dice sonriente.
Se refiere a una colección completa de 38 piezas que rinden homenaje a cada una de las Patricias Argentinas, quienes fueron las mujeres que colaboraron con la formación de los primeros ejércitos patrios. Se crearon en 1910 por decisión de la Sociedad Patricias Argentinas, grabándole a cada ejemplar el rostro y los datos de dichas mujeres.
Carlos Martín, quien además de haber dado varios diseños para distintas medallas y haber escrito el libro “Villa María en la medalla”, pretende mostrar este material del centenario para el Bicentenario de la Patria. Para ello, tiene preparado un trabajo, las biografías de cada una de las Patricias y las piezas descritas, aunque necesita de un apoyo para concretarlo.
Es así, en la posmodernidad en que vivimos, muchas cosas están perdiendo el valor que contienen y son otorgadas a otras que son superficiales y pasatistas. Sin embargo, el tiempo se valerá de ellas para escribir la historia de los pueblos, las monedas y medallas se conforman como puntos de anclaje donde será posible apoyarse y comprender desde ahí la belleza y el conocimiento que ellas poseen.
Fuente:eldiariocba.com.ar
Jaime Paz Molina: ‘Las monedas de Ourense son únicas’
‘Es una pena que la administración pública no puje por monedas que no volveremos a ver’, apunta Jaime Paz tras una subasta de piezas visigodas únicas de la provincia.
Una sala de subastas numismáticas de Barcelona sacaba a la luz pública la semana pasada tres ‘tremis’, monedas de oro romanas creadas en el siglo IV que posteriormente utilizarían los visigodos, clasificados con un grado de rareza 8 y 9 sobre 10 acuñados en la provincia durante los siglos VI y VII. Unos ejemplares casi únicos llegados desde Estados Unidos de los que el investigador y escritor numismático Jaime Paz Molina, uno de los herederos de la colección numismática del museo de Lobios, cuenta su historia.
¿Cómo llegan unas piezas ourensanas a Barcelona?
Las monedas ourensanas formaban parte de una colección denominada ‘Caballero de las Yndias’, compuesta por 2.200 ejemplares de monedas de oro españolas y de sus colonias e imperios desde la era visigótica hasta ahora. Una colección que estaba en Estados Unidos y que ha salido a la luz a través de una subasta con importantes piezas de la provincia acuñadas durante los siglos VI y VII.
¿Qué piezas eran?
Un tremis de oro del Rey Recaredo I, que ejerció su reinado entre 586 y 601, acuñado en Georres (actual Valdeorras) y otros dos tremis, también de oro, acuñados en Fraucello (Ourense) por Witerico (603-609) y Suinthila (621-631).
¿Por qué son tan importantes estos tremis?
Son piezas únicas. Monedas visigodas clasificadas con un grado de rareza de 8, 8 y 9 sobre 10, respectivamente, en función de la dificultad de conseguirlas en el mercado numismático. Debe tenerse en cuenta que el grado de rareza esta siempre relacionado con las monedas del mismo tipo.
¿A cuánto asciende su valor en el mercado?
Depende. En este caso, las monedas han salido a subasta con un precio inicial de entre 1.500 y 3.000 euros y, quien finalmente se las ha quedado ha pagado por ellas entre 9.000 y 10.500 euros cada moneda.
¿Se puede seguir la trayectoria de estas piezas?
En este caso, sabemos que las monedas vienen de un coleccionista de Estados Unidos, pero poco más porque fueron adjudicados en la subasta a través del teléfono para mantener el anonimato del comprador. No por esconder quien se lleva la moneda, que al final siempre se sabe, sino por una cuestión económica de que si estas en sala, y ves quién puja, sabes más o menos hasta dónde está dispuesto a pagar la otra persona. Por el contrario, si se hace telefónicamente, desconoces su identidad y su capital. Es una pena que las administraciones públicas, bien sea la Xunta de Galicia o las diputaciones provinciales, no pujen por ellas porque estamos hablando de un patrimonio gallego que posiblemente no volveremos a ver jamás.
¿Existen muchas piezas acuñadas en la provincia?
Los tremis de Ourense son piezas muy valiosas porque son rarísimos y muy difíciles de conseguir. Se acuñaron muy pocos porque estuvieron poco tiempo y la ‘ceca’ (casa donde antiguamente se labraba la moneda) era muy pequeñita. La provincia cuenta con una historia numismática muy importante y también, porqué no decirlo, con un museo numismático en Lobios que contiene una gran variedad de monedas comprendidas desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad. El museo se creó en el año 1993 con la donación de mi padre, Jaime Paz Bernardo, así como con las aportaciones de coleccionistas y profesionales de toda España, Francia, Portugal, Inglaterra o Iraq.
¿Hay interés por la numismática en la provincia?
Existe una gran afición a la numismática, aunque también es verdad que las monedas son carísimas y no todo el mundo tiene el poder adquisitivo necesario para pujar por ellas.
Fuente:www.laregion.es
Una sala de subastas numismáticas de Barcelona sacaba a la luz pública la semana pasada tres ‘tremis’, monedas de oro romanas creadas en el siglo IV que posteriormente utilizarían los visigodos, clasificados con un grado de rareza 8 y 9 sobre 10 acuñados en la provincia durante los siglos VI y VII. Unos ejemplares casi únicos llegados desde Estados Unidos de los que el investigador y escritor numismático Jaime Paz Molina, uno de los herederos de la colección numismática del museo de Lobios, cuenta su historia.
¿Cómo llegan unas piezas ourensanas a Barcelona?
Las monedas ourensanas formaban parte de una colección denominada ‘Caballero de las Yndias’, compuesta por 2.200 ejemplares de monedas de oro españolas y de sus colonias e imperios desde la era visigótica hasta ahora. Una colección que estaba en Estados Unidos y que ha salido a la luz a través de una subasta con importantes piezas de la provincia acuñadas durante los siglos VI y VII.
¿Qué piezas eran?
Un tremis de oro del Rey Recaredo I, que ejerció su reinado entre 586 y 601, acuñado en Georres (actual Valdeorras) y otros dos tremis, también de oro, acuñados en Fraucello (Ourense) por Witerico (603-609) y Suinthila (621-631).
¿Por qué son tan importantes estos tremis?
Son piezas únicas. Monedas visigodas clasificadas con un grado de rareza de 8, 8 y 9 sobre 10, respectivamente, en función de la dificultad de conseguirlas en el mercado numismático. Debe tenerse en cuenta que el grado de rareza esta siempre relacionado con las monedas del mismo tipo.
¿A cuánto asciende su valor en el mercado?
Depende. En este caso, las monedas han salido a subasta con un precio inicial de entre 1.500 y 3.000 euros y, quien finalmente se las ha quedado ha pagado por ellas entre 9.000 y 10.500 euros cada moneda.
¿Se puede seguir la trayectoria de estas piezas?
En este caso, sabemos que las monedas vienen de un coleccionista de Estados Unidos, pero poco más porque fueron adjudicados en la subasta a través del teléfono para mantener el anonimato del comprador. No por esconder quien se lleva la moneda, que al final siempre se sabe, sino por una cuestión económica de que si estas en sala, y ves quién puja, sabes más o menos hasta dónde está dispuesto a pagar la otra persona. Por el contrario, si se hace telefónicamente, desconoces su identidad y su capital. Es una pena que las administraciones públicas, bien sea la Xunta de Galicia o las diputaciones provinciales, no pujen por ellas porque estamos hablando de un patrimonio gallego que posiblemente no volveremos a ver jamás.
¿Existen muchas piezas acuñadas en la provincia?
Los tremis de Ourense son piezas muy valiosas porque son rarísimos y muy difíciles de conseguir. Se acuñaron muy pocos porque estuvieron poco tiempo y la ‘ceca’ (casa donde antiguamente se labraba la moneda) era muy pequeñita. La provincia cuenta con una historia numismática muy importante y también, porqué no decirlo, con un museo numismático en Lobios que contiene una gran variedad de monedas comprendidas desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad. El museo se creó en el año 1993 con la donación de mi padre, Jaime Paz Bernardo, así como con las aportaciones de coleccionistas y profesionales de toda España, Francia, Portugal, Inglaterra o Iraq.
¿Hay interés por la numismática en la provincia?
Existe una gran afición a la numismática, aunque también es verdad que las monedas son carísimas y no todo el mundo tiene el poder adquisitivo necesario para pujar por ellas.
Fuente:www.laregion.es
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